Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Bouilhet se olvida en Capua! ¡Y la señora Blanchecotte también! Ay, Dios mío. ¿Has pensado alguna vez en toda la importancia que tiene el pito en la vida parisina? ¡Qué comercio de notitas, de citas, de fiacres estacionados en las esquinas con las cortinas bajadas! El falo es la piedra imán que dirige todas las navegaciones. Es como para volverse casto por contraste. No odio a Venus, pero ¡qué abuso! En este mundo amo dos cosas: primero la cosa en sí misma, la carne; luego la pasión, violenta, alta, rara, la gran cuerda para los días grandes. Por eso me gusta el cinismo, igual que el ascetismo. Pero execro la galantería. ¡Se puede muy bien vivir sin eso, diablos! Esa perpetua confusión de la bragueta y del corazón me da náuseas. Cuando se encuentran afectos complejos y que se entrelazan por todos los lados del ser, como el nuestro, eso se sale del amor y entra en una fisiología superior, en la que, contra la que, para la que nada puede hacerse. Está regulada como el latido de nuestra sangre, y es coeterna con nosotros, como la consciencia.