Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No desprecio en absoluto La sirvienta. ¿Quién te ha metido eso en la cabeza? ¡Al contrario! ¡Al contrario! Si la hubiera considerado mala, te lo habrÃa dicho, como hice con tu Princesa y con tu comedia de La institutriz. ¡Que no! Nunca comprendes las medias tintas. Como tú, pienso que quizá no has escrito jamás versos más hermosos y en mayor cantidad en la misma obra. Pero, y aquà empiezan las reticencias, primeramente no te estoy nada agradecido por componer versos hermosos: tú los pones como una gallina los huevos, sin tener consciencia de ello (está en tu naturaleza, Dios te ha hecho asÃ). Recuerda una vez más que las perlas no forman el collar, sino que es el hilo, y como en La campesina admiré un hilo trascendente, me ha chocado el no distinguirlo ya tan claro en La sirvienta. En La campesina habÃas estado shakespeariana, impersonal. Aquà te has resentido un poco del hombre al que querÃas retratar. El lirismo, la fantasÃa, la individualidad, la idea preconcebida, las pasiones del autor se embrollan demasiado en torno a tu asunto. Resulta más juvenil, y aunque hay una superioridad de forma indiscutible, fragmentos soberbios, el conjunto jamás igualará al otro, porque La campesina fue imaginada, es un asunto tuyo, y al imaginar se reproduce la generalidad, mientras que al aferrarse a un hecho verdadero no sale de tu obra más que algo contingente, relativo, restringido. Objetas que no quisiste hacer didáctica. ¿Quién te habla de didáctica? ¡HabÃa que hacer La sirvienta! Ahora es demasiado tarde, y además, poco importa. Una vez descartado el tÃtulo, será una obra muy bella y conmovedora. Pero has de podar todo lo que no es necesario para la idea misma de tu asunto. AsÃ, ¿por qué tu gran artista, al final, que viene a hablar con Mariette? ¿Qué pinta ese personaje completamente inútil en el drama, y muy incoloro por él mismo? Cuida los diálogos, y sobre todo evita decir vulgarmente las cosas vulgares. Todos los versos tienen que ser versos.