Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Tuve a Bouilhet el viernes por la tarde, el sábado y ayer por la mañana. Volverá el miércoles hasta el final de la semana. Hasta ahora apenas hemos tenido tiempo de charlar más que de nosotros mismos. Casi todo ha sido empleado en los Fósiles y en la Bovary. Le ha parecido bien mi polvo. Pero antes de ese párrafo tengo uno de transición, que contiene ocho lÃneas, que me ha exigido ocho dÃas, en el que no hay ni una palabra de más y que no obstante hay que volver a rehacer, porque es demasiado lento. Es un diálogo directo que hay que pasar a indirecto, y donde no tengo el espacio necesario para decir lo que hay que decir. ¡Todo eso, en cuanto a plan, ha de ser rápido y lejano, hasta tal punto ha de quedar perdido y poco visible en el libro! Después, aún tengo otras tres o cuatro correcciones infinitamente mÃnimas, pero que me llevarán toda la semana siguiente. ¡Qué lentitud, qué lentitud! No importa, adelanto. He dado un gran paso, y siento en mà un alivio interior que me pone todo alegre, aunque esta tarde he sudado literalmente por el esfuerzo. Es tan difÃcil deshacer lo que está hecho, y bien hecho, para meter algo nuevo en su lugar, sin que se vea el encaje.