Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Me dices que pronto ya nada podrá arrancarte lágrimas. Mejor, pues nada las merece, salvo lágrimas de risa, «ya que reír es lo propio del hombre».
Bouilhet me parece estar muy contento con la Sífide. Se emparejan con vehemencia. Por lo demás, él es poco exaltado. Así hay que ser. Dejad la exaltación al elemento muscular y carnal, para que el intelecto esté siempre sereno. Las pasiones, para el artista, han de ser el acompañamiento de la vida; el arte es su canto. Pero si las notas de abajo se montan en la melodía, todo se embrolla.
Así que yo, conservando cada cosa en su sitio, vivo por casilleros. Tengo cajones, estoy lleno de compartimentos como un buen baúl de viaje, y atado por encima, ceñido con triple correa.
Ahora coloco tu dedo en un lugar secreto, tu pensamiento en un rincón oculto, y que está lleno de ti misma, y me voy a dormir con tu imagen, enviándote mil besos. […]
[Croisset] Noche del lunes al martes, a la una [10 de enero de 1854].
[…] Esta obra [La sirvienta] no es publicable tal como está, y te suplico que no la publiques.