Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Resumo. Te he dicho que te complaceré siempre, y te repito que no tengo un céntimo. Te parece sospechoso, pero no niego nada, y repito de nuevo, explicándome: es cierto, no tengo una perra (asÃ, para llegar hasta el mes de febrero, tengo veinte francos). ¿Crees que, si pudiera, no comprarÃa cien ejemplares del libro de Leconte, etc.? Pero ante todo hay que pagar las deudas. Y, de dos mil francos que he de cobrar este año, debo ya cerca de mil doscientos. ¡Cuenta, además, los viajes a ParÃs! El año que viene, para vivir en ParÃs, mermaré ampliamente mi capital. Será preciso. Me he fijado una cantidad. Una vez agotada esta cantidad, tendré que volver a vivir como ahora, a menos que gane algo, suposición que me parece absurda.
¡Pero, pero! —fÃjate en ese «pero»— si lo necesitases, te lo encontrarÃa de todos modos, aunque tuviese que colocar la plata de casa en el Monte de Piedad. ¿Entiendes ahora?
En cuanto al final de la Bovary, me he fijado ya tantas épocas, y me he equivocado tantas veces, que renuncio no sólo a hablar, sino a pensar en ello. ¡Sea lo que Dios quiera! Ya no entiendo nada. Esto acabará cuando quiera, aunque tenga que morirme encima de aburrimiento y de impaciencia, lo que quizá me ocurrirÃa sin la furia que me sostiene. De aquà a entonces iré a verte cada dos meses como te he prometido.