Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No he olvidado en absoluto la conducta del señorito Musset, y los sentimientos que me inspira están lejos de ser benevolentes. Sólo quise decir que el castigo rebasaba el ultraje. Cierto es que, en su lugar, preferirÃa recibir una bofetada en la calle que semejantes versos dirigidos a mi intención.
¡Qué mal has tomado, pobre y querida Musa, lo que te decÃa de Karr! ¿Me crees lo bastante patán como para recordarte esas cosas con ánimo de herirte? ¡No! Si hubieras tenido siempre como consejera a gente con un sentido práctico tan burgués como el mÃo, y la hubieses escuchado, muchas de las cosas que te ocurren no te sucederÃan. Luego te extrañas de la palabra «ridÃculo». Sin embargo, es la única exacta. Siempre se es ridÃculo cuando los burlones están contra uno. Eso es lo que yo querÃa decir, y los burlones están siempre del lado de los fuertes, de la moda, de los tópicos, etc. Para vivir en paz no hay que ponerse ni del lado de los burlados, ni del de los burlones. Permanezcamos al margen, afuera, pero para eso hay que renunciar a la acción.