Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Recordemos siempre esas tres máximas (las dos primeras son de Epicteto, hombre poco acusado de haber tenido una moralidad relajada, y la tercera, de La Rochefoucauld): «Esconde tu vida.—Abstente.—El hombre inteligente es el que no se asombra de nada». (¡Yo no soy el hombre inteligente, pues me asombro de muchas cosas!) Siguiendo esas ideas, está uno seguro en la vida y en el Arte. ¿No sientes que ahora todo se disuelve por el relajamiento, por el elemento húmedo, por las lágrimas, por el parloteo, por los productos lácteos? La literatura contemporánea está ahogada en reglas de mujer. Tenemos que tomar hierro todos para que se nos pasen las clorosis góticas que nos han transmitido Rousseau, Chateaubriand y Lamartine.
Asà se explica el éxito de Badinguet. Ése se ha resumido. No ha perdido sus fuerzas en pequeñas acciones divergentes de su meta. Ha sido como una bala de cañón pesada, y se ha hecho un ovillo. Luego ha explotado de golpe, y la gente ha temblado. Si el tÃo Hugo le hubiera imitado, habrÃa podido hacer en poesÃa lo que el otro habÃa hecho en polÃtica, algo de lo más original. Pero no, se dejó llevar por los chillidos. La pasión nos pierde a todos. […]
[Croisset] Lunes, una de la madrugada [16 de enero de 1854].