Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] Te enfadaste un poco conmigo, hace algunos meses, cuando te dije que a ese joven [De Lisie] (pues es un joven) le harÃa falta una buena bribona, una zorra alegre, divertida, una mujer chispeante. Vuelvo a mi idea. Eso pondrÃa un poco de sol en su vida. Lo que le falta a su talento, como a su carácter, es el aspecto moderno, el color en movimiento. Con su ideal de pasiones nobles, no se da cuenta de que se seca prácticamente, se esteriliza literariamente. El ideal no es fecundo más que cuando se hace entrar todo en él. Es un trabajo de amor y no de exclusión. Hace dos siglos que Francia camina suficientemente por esa vÃa de negación ascendente. Se ha eliminado cada vez más de las letras la naturaleza, la franqueza, el capricho, la personalidad e incluso la erudición, como algo grosero, inmoral, extraño, pedantesco. Y en las costumbres se ha perseguido, deshonrado y casi aniquilado el atrevimiento y la amenidad, las grandes maneras y los géneros de vida libres, que son los fecundos. ¡Se han estirado hacia la decencia! Para ocultar las escrófulas se han subido la corbata. El ideal jacobino y el de Marmontel pueden darse la mano. Nuestra deliciosa época está aún atestada por este doble polvo. Robespierre y el señor de La Harpe nos regentan desde el fondo de sus tumbas. Pero creo que hay algo por encima de todo eso, a saber: la aceptación irónica de la existencia y su reestructuración plástica y completa mediante el Arte. En cuanto a nosotros, el vivir no nos concierne; lo que hay que buscar es el no sufrir.