Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Crees que los vestidos de la D[es Genettes] son fruto de un bolsillo múltiple. Es posible. Incluso es probable. Y te extrañas de que se pueda beber con gusto allí donde se posan tantos labios. Es asombrarse de que la gente se embriague en el restaurante. ¿Se piensa acaso, al oler el vino de Sauternes, en todas las jetas horribles que lo han hecho un cuarto de hora antes, y que lo harán un cuarto de hora después? Además, ¿dónde hay una virginidad cualquiera? ¿Cuál es la mujer, la idea, el país, el océano, que se pueda poseer para sí, para uno solo? Siempre ha habido alguien que ha pasado antes que uno por esta superficie o esa profundidad de la que se cree dueño. Si no ha sido el cuerpo, ha sido la sombra, la imagen. Mil adulterios soñados se entrecruzan bajo el beso que nos hace gozar. Creo un poco en las virginidades físicas, pero no en las morales. Y en la verdadera acepción de la palabra, todo el mundo es cornudo y archicornudo. ¡Vaya un mal, después de todo!
Estoy seguro de que el señorito Bouilhet, aunque no me lo ha confiado en absoluto, se preocupa muy poco de eso, con tal de recibir su parte. Prefiere el reparto con terciopelo, batista y puntillas. Pues también todo eso hace gozar. «El tren, el gasto y el brocatel influyen», como dice ese mismo Michel, que era un entendido en mujeres y las apreciaba mucho. […]