Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡QuĂ© esfuerzo me habrá costado, Dios mĂo! ¡Cuánto esfuerzo! ¡Cuántos derrumbamientos y desmoralizaciones! Ayer me pasĂ© toda la velada dedicado a una cirugĂa furiosa. Estoy estudiando la teorĂa de los patizambos. En tres horas he devorado todo un volumen de esta interesante literatura, y he tomado notas. HabĂa frases hermosĂsimas: «El seno materno es un santuario impenetrable y misterioso, donde, etc.». ¡Por lo demás, magnĂfico estudio! ¡Ojalá fuera joven! ¡CĂłmo trabajarĂa! Para escribir habrĂa que conocerlo todo. Todos nosotros, escribidores, sufrimos una ignorancia monstruosa, y sin embargo, ¡cuántas ideas y comparaciones proporcionarĂa todo eso!
En general, nos falta tuĂ©tano. Los libros de los que han derivado literaturas enteras, como Homero, Rabelais, son enciclopedias de su Ă©poca. Esa buena gente lo sabĂa todo; y nosotros no sabemos nada. En la poĂ©tica de Ronsard hay un curioso precepto: recomienda al poeta que se instruya en las artes y oficios de herreros, orfebres, cerrajeros, etc., para extraer metáforas. En efecto, eso es lo que te da una lengua rica y variada. Las frases deben agitarse en un libro como las hojas en un bosque, todas distintas en su semejanza.