Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Pero hablemos de lo moral, ya que, según tú, es la causa de tu mal. Me dices que las ideas de voluptuosidad apenas te atormentan. Tengo la misma confidencia que hacerte, pues te confieso que ya no tengo sexo, a Dios gracias. Si hace falta, lo recuperaré, y eso es lo que conviene. A propósito, ¿dónde has visto que yo te haya hecho antideclaraciones? ¿Cuándo te he dicho que «no sentía amor por ti»? No, no, como tampoco he dicho nunca lo contrario. Dejemos las palabras a las que nos aferramos, y con las que nos contentamos, creyéndonos libres de lo demás. ¿Para qué inquietarse perpetuamente por la etiqueta y por la frase?