Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Me verás dentro de tres semanas, a más tardar. De aquà a mi partida no me quedan más que cinco o seis páginas por hacer, y además siete u ocho hechas a medias o en sus dos tercios. Chapoteo de lleno en la cirugÃa. Hoy he estado adrede en Ruán, en casa de mi hermano, con quien he charlado largamente de anatomÃa del pie y patologÃa de los patizambos. Me he dado cuenta de que me estaba corriendo en la Jaata (si está permitido expresarse asÃ). Mi ciencia, adquirida hace muy poco, no era sólida de base. HabÃa escrito algo muy cómico (el más bonito movimiento de estilo que era posible ver, y por el que he llorado durante dos horas), pero era pura fantasÃa, estaba inventando cosas inauditas. ¡Asà que hay que suprimir, cambiar, refundir! No es fácil hacer literarios y alegres unos detalles técnicos, a la vez que se mantienen precisos. ¡Ah, si las habré conocido yo, las angustias del estilo! Por lo demás, ahora es todo una montaña para mÃ. Bouilhet no se ha mostrado descontento de lo que le he leÃdo. Creo que he dado un gran paso, a saber, la transición insensible de la parte psicológica a la dramática. Ahora voy a entrar en la acción, y mis pasiones van a ser efectivas. Ya no tendré que respetar tantas medias tintas. Será más divertido, al menos para el lector. Para el mes de julio, cuando vuelva a ParÃs, tengo que haber empezado el final. Luego regresaré en octubre para buscar alojamiento. ¿Cuándo llegará ya ese dÃa bienaventurado en que escriba la palabra m…? En septiembre próximo hará tres años que estoy con este libro. Son largos, tres años pasados en la misma idea, escribiendo con el mismo estilo (sobre todo con este estilo, del que mi personalidad está tan ausente como la del emperador de China), viviendo siempre con los mismos personajes, en el mismo ambiente, azotándose siempre los flancos en pos de la misma ilusión. […]