Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Si no he vuelto a hablarte del asunto del Filósofo, es porque creía que era algo totalmente acabado, por ahora al menos, y acabado con una negativa formal por su parte. A pesar de la opinión contraria de Béranger, persisto en creer que la mía era válida, si es que sigues teniéndolo agarrado. Te di ese consejo según los rasgos de su carácter, que, me dijiste, es débil; y, admitido esto, ¡yo tenía razón! Así que aguarda y resiste, y deja de creer, querida Musa, que no me intereso por tus asuntos. Al contrario, nada de lo que te afecta me es indiferente. Querría verte ante todo feliz, feliz de todos modos, de todas las formas, feliz por el dinero, la posición, la gloria, la salud, etc., y si supiera de alguien que pudiese darte todo eso, iría descalzo a buscártelo.
La felicidad, o lo que se le acerca, es un compuesto de pequeños bienestares, igual que la no-desgracia sólo se obtiene mediante la plenitud de un sentimiento único que nos tapona las aberturas del alma ante todos los accidentes de la vida. […]