Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No digo que uno haya de tener las ideas de su tiempo, pero sà comprenderlas. Y sostengo que no se puede vivir pasablemente más que negándose lo más posible al elemento que resulta ser el más débil. La civilización en que nos hallamos es un triunfo logrado (guerra incesante y siempre victoriosa) sobre todos los instintos llamados primordiales. Si queréis entregaros a la cólera, a la venganza, a la crueldad, al placer desenfrenado o al amor lunático, el desierto está allá y las plumas del salvaje un poco más lejos: ¡adelante! Por eso, por ejemplo, considero a un hombre que no tiene cien mil libras de renta y se casa, como un miserable, como un bribón al que se debe apalear. El hijo del hotentote no tiene nada que pedir a su padre que éste no pueda darle. Pero aquÃ, cada hijo de portera puede querer un palacio, ¡y tiene razón! La culpa es del matrimonio y de la miseria, o más bien de la propia vida. Asà que no se deberÃa vivir, y eso es lo que habÃa que demostrar, como dicen en geometrÃa.
Martes, medianoche [18 de abril de 1854].