Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Eso es lo que, en la juventud, hace tan fecundos los afectos de hombres, lo que hace que sean tan poéticos a la vez; los antiguos habían colocado a la amistad casi a la altura de una virtud. Con el culto a la Virgen llegó al mundo la adoración de las lágrimas. Hace ya dieciocho siglos que la humanidad persigue un ideal rococó. Pero el hombre se rebela una vez más, y abandona las amorosas rodillas que lo acunaron en su tristeza. En la conciencia moderna se produce una reacción terrible contra lo que llaman Amor. Empezó con rugidos de ironía (Byron, etc.), y el siglo entero mira con lupa y disecciona sobre su mesa la florecilla del sentimiento que olía tan bien… ¡antaño!