Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet SÃ, desde el miércoles te quiero de otra manera; me parece que estamos más unidos, que somos más Ãntimos, que menos cosas externas pueden influir en nuestra unión; que, aunque estuviéramos mucho tiempo sin vernos, no importarÃa, y por último (¿crees tú lo mismo?) que nuestro amor se ha vuelto más serio, a la vez que perdÃa la apariencia de serlo. ¿Quieres saber el motivo? Es que hemos sido, sobre todo, sinceros; que nos hemos abandonado a la naturaleza sin artificio, sin perturbarnos la mente, como unas pobres criaturas ingenuas que lo hicieran por primera vez. Por eso no he sacado de esto amargura alguna, sino al contrario, una exquisita tibieza que me sostiene en un voluptuoso ensueño.
Sin embargo, ayer y hoy he estado espantosamente triste, de esas tristezas como las que tenÃa en mi juventud, capaz de tirarme por la ventana para librarme de ellas. Entonces es cuando se desea todo lo que no se tiene, y todo lo que se tiene obsesiona. Entonces es cuando desea uno hacerse renegado, camaldulense, pirata, lo que sea, para salir al menos, aunque sólo fuera en sueños, del horrible ambiente en que se asfixia. SÃ, llevo cuarenta y ocho horas aburriéndome prodigiosamente. Es la reacción de la dicha del otro dÃa. Cada alegrÃa hay que pagarla con un dolor, ¿qué digo con uno?; ¡con mil! Asà pues, hago bien en no buscarlas demasiado. La felicidad es un placer que te arruina.