Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No tengas miedo de que haga la corte a mi prima, la de Champaña; la idea me hizo reÃr. Es una de esas figuras que no excitan. Mi cuñada ha visto hace poco tu retrato, que no conocÃa. Primero, encontró que te parecÃas a una señora conocida suya; después, mirándolo con más atención, pensó que no, y fijándose en los papillotes, preguntó: «—Pero ¿tantos tiene? —SÃ. —¡Parecen orejas de caniche!» Ése es su elogio. Me hizo gracia. Y yo, pensé, soy el pastor de ese caniche.
Adiós, querida mÃa, mil besos en tus hermosos ojos y en esos largos papillotes cuyo olor voy a aspirar un poco, a veces, en la zapatillita de calados azules; pues ahà es donde he guardado el mechón. El mitón está en la otra zapatilla, la medalla al lado, y junto a ella las cartas.
[Croisset] Martes, diez de la mañana [22 de septiembre de 1846].