La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio El pastor que los conduce ve una nube; y lanza al aire, con voz aguda, palabras imperativas).
HILARIÓN.—Como tiene necesidad de lluvia, intenta con sus cánticos obligar al Rey del Cielo a que abra el nubarrón fecundo.
ANTONIO.—(riendo):¡Un orgullo demasiado simple!
HILARIÓN.—¿Por qué haces exorcismos?
(El valle se convierte en un mar de leche, inmóvil y sin lÃmites.
En medio flota una amplia cama, formada por una serpiente cuyas cabezas, inclinándose a la vez, dan sombra a un dios que duerme sobre su cuerpo.
Es joven, imberbe, más bello que una muchacha y cubierto de velos transparentes. Las perlas de su tiara brillan suavemente como lunas, un rosario de estrellas da varias vueltas sobre su pecho —y con una mano bajo la cabeza, el otro brazo extendido, descansa, con aspecto soñador y embriagado.
Una mujer acurrucada a sus pies espera a que despierte).
HILARIÓN.—Es la dualidad primordial de los brahmanes, pues el Absoluto no se expresa bajo ninguna forma.
(En el ombligo del dios ha crecido el tallo de un loto; y, en su cáliz, aparece otro dios de tres caras).
ANTONIO.—¡Mira, qué hallazgo!