La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio El carro tirado por caballos rojos, que conduce un cochero sin piernas, pasea en pleno cielo al soberano del sol. El Dios-luna le acompaña, en una litera tirada por tres gacelas.
De rodillas sobre un loro, la diosa de la Belleza presenta al Amor, su hijo, su pecho redondo. Allá va a lo lejos, saltando de alegría por las praderas. ¡Mira!, ¡mira! ¡Con una mitra deslumbrante en la cabeza, corre por los trigales, sobre las olas, asciende a los aires, se exhibe por todas partes!
¡Entre esos dioses habitan los genios de los vientos, de los planetas, de los meses, de los días, cien mil más!
Y sus aspectos son múltiples, sus transformaciones rápidas. Allí hay un pez que se convierte en tortuga; tiene cabeza de jabalí, estatura de enano.
ANTONIO.—¿Para qué?
HILARIÓN.—Para restablecer el equilibrio, para combatir el mal. Pero la vida se consume, las formas se gastan; y necesitan progresar en las metamorfosis.
(De pronto aparece):
UN HOMBRE DESNUDO.—(Sentado en medio de la arena, con las piernas cruzadas.