La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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Protegían a todo el pueblo miserable que arrastraba los hierros de sus piernas por las piedras de la Sabina, a los que llamaban a los cerdos al son de la trompeta, a los que recogían ramilletes en lo alto de los olmos, a los que empujaban por los senderos los asnos cargados de estiércol. El labrador, jadeando sobre el arado, les rogaba que fortalecieran los brazos; y los vaqueros a la sombra de los tilos, junto a recipientes de leche, alternaban sus alabanzas con flautas de caña.

(ANTONIO suspira).

(Y en medio de una estancia, en un estrado, se descubre un lecho de marfil, rodeado de gentes que llevan antorchas de pino).

Son los dioses del matrimonio. ¡Esperan a la desposada!

Domiduca[220] debía traerla, Virgo desatarle el cinturón, Subigo tenderla en el lecho y Praema apartarle los brazos, diciéndole al oído dulces palabras.

¡Pero ella no vendrá!, y ordenan a los demás que se retiren; a las enfermeras Nona y Décima, a los tres Nixii, parteros, a las dos nodrizas Educa y Potina, y a Carna[221], la que mece, cuyo ramo de oxiacantas aleja del niño los malos sueños.


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