La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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Más tarde, Ossipago[222] le hubiera fortalecido las rodillas, Barbatus dado la barba, Stimula los primeros deseos, Volupia el primer gozo, Fabulinus enseñado a hablar, Numera a contar, Camoena a cantar, Consus a reflexionar.

(La estancia está vacía; sólo permanece al borde del lecho Nenia[223] —centenaria—, murmurando para sí misma el lamento que gritaba a la muerte de los viejos.

Pero en seguida su voz es dominada por unos gritos agudos. Son):

LOS LARES DOMÉSTICOS.—(acurrucados al fondo del atrio, vestidos con pieles de perro, con flores alrededor del cuerpo, tienen sus manos apretadas contra sus mejillas, y lloran todo lo que pueden). ¿Dónde está la porción de alimento que se nos daba en cada comida, los buenos cuidados de la sirvienta, la sonrisa de la matrona, y la alegría de los niños que jugaban a las tablas sobre los mosaicos del patio? Luego, cuando se hacían grandes suspendían en nuestro pecho su burbuja de oro o de cobre.

¡Qué felicidad cuando, la noche de un triunfo, al volver el amo dirigía hacia nosotros sus ojos húmedos! Contaba sus combates; y la estrecha casa estaba más orgullosa que un palacio y era sagrada como un templo.


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