La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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¡Qué dulces eran las comidas familiares, sobre todo al día siguiente de las Feralia[224]! Con la ternura hacia los muertos, todas las discordias se apaciguaban; y todos se abrazaban, bebiendo por las glorias del pasado y por las esperanzas del futuro.

Pero los antepasados de cera pintada, encerrados detrás de nosotros, se cubren lentamente de moho. Las nuevas razas, para castigarnos de sus decepciones, nos han roto la mandíbula; bajo los dientes de las ratas nuestros cuerpos de madera se deshacen.

(Y los innumerables dioses que velaban en las puertas, en la cocina, en la despensa, en las estufas, se dispersan por todos lados —bajo la apariencia de enormes hormigas que trotan o de grandes mariposas que emprenden el vuelo).

CREPITUS[225].—(se deja oír). A mí también me honraron antaño. Me hacían libaciones. ¡Fui un dios!

El ateniense me saludaba como un presagio de fortuna, mientras el romano devoto me maldecía con los puños levantados y el pontífice de Egipto, absteniéndose de habas, temblaba ante mi voz y palidecía ante mi olor.


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