La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio (Al mismo tiempo, los objetos se transforman. Al borde del acantilado, la vieja palmera, con su espesura de hojas amarillas, se convierte en el torso de una mujer inclinada sobre el abismo, cuyos largos cabellos se balancean).
ANTONIO.—(Se vuelve hacia su cabaña; y la banqueta que sostiene el grueso libro, con las páginas cargadas de letras negras, le parece un arbusto cubierto de golondrinas). Es la antorcha, sin duda, que provoca un juego de luz… ¡Apaguémosla!
(La apaga, la oscuridad es profunda).
(Y, de pronto, cruzan el aire, primero un charco de agua, después una prostituta, la esquina de un templo, la cara de un soldado, un carro con dos caballos blancos, que se encabritan.
Las imágenes llegan bruscamente, a sacudidas, destacándose en la noche como pinturas de escarlata sobre el ébano.
Su movimiento se acelera. Desfilan de forma vertiginosa. Otras veces, se detienen y palidecen gradualmente, se funden; o bien desaparecen, e inmediatamente llegan otras.
ANTONIO cierra los párpados.