La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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MANES.—(continúa): Primero se detienen en la luna, donde se purifican.

Después suben al sol.

ANTONIO.—(lentamente):No conozco nada… que nos impida… creerlo.

MANES.—El fin de toda criatura es la liberación del rayo celeste encerrado en la materia. Se escapa más fácilmente por los perfumes, las especias, el aroma del vino cocido, las cosas ligeras que parecen pensamientos. Pero los actos de la vida lo retienen. El asesino renacerá en el cuerpo de un ciervo, el que mata a un animal se convertirá en ese animal; si plantas una viña, serás enlazado por sus ramas. La alimentación absorbe. ¡Privaos de ella!, ¡ayunad!

HILARIÓN.—¡Son sobrios, como ves!

MANES.—Hay mucho en las carnes, menos en las hierbas. Además los puros, gracias a sus méritos, despojan a los vegetales de esa parte luminosa y la hacen volver a su fuego. Los animales, a través de la generación, la aprisionan en la carne. ¡Huid, pues, de las mujeres!

HILARIÓN.—¡Admira su castidad!

MANES.—O más bien, haced lo posible para que no sean fecundas. ¡Es mejor para el alma caer en la tierra que languidecer en trabas carnales!

ANTONIO.—¡Qué abominación!


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