Madame Bovary
Madame Bovary La señora se quedaba arriba en sus habitaciones. Emma llevaba una bata de casa muy abierta, que dejaba ver entre las solapas del chal del corpiño una blusa plisada con tres botones dorados. Su cinturón era un cordón de grandes borlas, y sus pequeñas pantuflas de color granate tenían un manojo de cintas anchas, que se extendía hasta el empeine. Se había comprado un secante, un juego de escritorio, un portaplumas y sobres, aunque no tenía a quién escribir; quitaba el polvo a su anaquel, se miraba en el espejo, cogía un libro, luego, soñando entre líneas, lo dejaba caer sobre sus rodillas. Tenía ganas de viajar o de volver a vivir a su convento. Deseaba a la vez morirse y vivir en París. Carlos, con nieve o con lluvia, cabalgaba por los atajos.