Madame Bovary
Madame Bovary Carlos estaba triste: la clientela no llegaba. Permanecía sentado durante largas horas sin hablar, iba a dormir a su consultorio o miraba cómo cosía su mujer. Para distraerse hacía los trabajos pesados de la casa y hasta trató de pintar el desván con un resto de pintura que habían dejado los pintores. Pero los problemas económicos le preocupaban. Había gastado tanto en las reparaciones de Tostes, en los trajes de su mujer y en la mudanza, que toda la dote, más de tres mil escudos, se había ido en dos años. Además, ¡cuántas cosas estropeadas o perdidas en el transporte de Tostes a Yonville, sin contar el cura de yeso, que, al caer del carro, en un traqueteo muy fuerte, se había deshecho en mil pedazos en el pavimento de Quincampoix!