Madame Bovary
Madame Bovary Un día, Emma sintió de pronto el deseo de ver a su niñita, que habían dado a criar a la mujer del carpintero; y, sin mirar en el almanaque si habían pasado las seis semanas de la Virgen[36], se encaminó hacia la casa de Rolet, que se encontraba al extremo del pueblo, bajando la cuesta, entre la carretera principal y las praderas.
Son las seis semanas que van desde Navidad hasta la Purificación (2 de febrero). Se consideraba que la mujer que había dado a luz debía abstenerse de trabajos físicos durante un periodo análogo al final del cual se celebraban, y aún se celebran, en algunas regiones ceremonias religiosas de purificación.
Era mediodía; las casas tenían cerrados los postigos, y los tejados de pizarras, que relucían bajo la áspera luz del cielo azul, parecían echar chispas en la cresta de sus hastiales. Soplaba un viento pesado, Emma se sentía débil al caminar; los guijarros de la acera la herían; vaciló entre volverse a su casa o entrar en algún sitio a descansar.
En aquel momento, el señor León salió de un portal cercano con un legajo de papeles bajo el brazo. Se acercó a saludarle y se puso a la sombra delante de la tienda de Lheureux, bajo el toldo gris que sobresalía.
Madame Bovary dijo que iba a ver a su niña, pero que ya empezaba a estar cansada.