Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y, apretando los labios, tiró lentamente de una larga hebra de hilo gris. Esta labor irritaba a León. Los dedos de Emma parecían desollarse por la punta; se le ocurrió una frase galante, pero no se arriesgó.

—¿Es que la abandona? —repuso él.

—¿Qué? —contestó ella vivamente—; ¿la música? ¡Ah, Dios mío, sí!, tengo una casa que gobernar, marido que atender, y mil cosas más, ¡muchas otras obligaciones que están antes!

Miró el reloj. Carlos se retrasaba. Entonces se hizo la preocupada. Dos o tres veces incluso repitió:

—¡Es tan bueno!

El pasante le tenía afecto al señor Bovary, pero aquella ternura por él le sorprendió de una forma desagradable; no obstante, continuó su elogio, un elogio que oía hacer a todo el mundo, y sobre todo al farmacéutico.

—¡Ah, es una buena persona! —repuso Emma.

—Ciertamente —dijo el pasante.

Y comenzó a hablar de la señora Homais, cuya indumentaria, muy descuidada, les movía a risa ordinariamente.

—¿Qué importa eso? —interrumpió Emma. Una buena madre de familia no se preocupa por su atavío.

Después volvió a quedarse en silencio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker