Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Adiós!, ¡pobre niña!, ¡adiós, querida pequeña, adiós!

Y se la devolvió a su madre.

—Llévesela —dijo ésta.

Se quedaron solos, Madame Bovary, de espaldas, con la cara pegada a un cristal de la ventana; León tenía su gorra en la mano y la golpeaba suavemente a lo largo de su muslo.

—Va a llover —dijo Emma.

—¡Ah!, tengo un abrigo —dijo él.

Ella se volvió, barbilla baja y la frente hacia adelante. La luz le resbalaba como sobre un mármol, hasta la curva de las cejas, sin que se pudiese saber lo que miraba. Emma miraba en el horizonte sin saber lo que pensaba en el fondo de sí misma.

—¡Adiós! —suspiró él.

Emma levantó la cabeza con un movimiento brusco:

—Sí, adiós…, ¡márchese!

Se adelantaron el uno hacia el otro; él tendió la mano, ella vaciló.

—A la inglesa, pues —dijo Emma abandonando la suya, y esforzándose por reír.

León la sintió entre sus dedos, y la sustancia misma de todo su ser le parecía concentrarse en aquella palma de la mano húmeda.

Después abrió la mano; sus miradas volvieron a encontrarse, y desapareció.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker