Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces volvieron los malos días de Tostes. Se creía ahora mucho más desgraciada, pues tenía la experiencia del sufrimiento, con la certeza de que no acabaría nunca.

Una mujer que se había impuesto tan grandes sacrificios, bien podía prescindir de caprichos. Se compró un reclinatorio gótico, y se gastó en un mes catorce francos en limones para limpiarse las uñas; escribió a Rouen para encargar un vestido de cachemir azul; escogió en casa de Lheureux el más bonito de sus echarpes; se lo ataba a la cintura por encima de su bata de casa; y, con los postigos cerrados, con un libro en la mano, permanecía tendida sobre un sofá con esta vestimenta.

A menudo variaba su peinado; se ponía a la china, en bucles flojos, en trenzas; se hizo una raya al lado y recogió el pelo por debajo, como un hombre.

Quiso aprender italiano: compró diccionarios, una gramática, una provisión de papel blanco. Ensayó lecturas serias, historia y filosofía. De noche, alguna vez, Carlos despertaba sobresaltado, creyendo que venían a buscarle para un enfermo:

—Ya voy —balbuceaba.

Y era el ruido de una cerilla que Emma frotaba para encender de nuevo la lámpara. Pero ocurrió con sus lecturas lo mismo que con sus labores, que, una vez comenzadas todas, iban a parar al armario; las tomaba, las dejaba, pasaba a otras.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker