Madame Bovary
Madame Bovary —¡Buenas tardes, señor Lheureux! ¡Hasta la vista!
—¡Qué manera de despedirle! —dijo ella riendo.
—Por qué —repuso él— dejarse manejar por los demás, y ya que hoy tengo la suerte de estar con usted…
Emma se sonrojó. Rodolfo no terminó la frase. Entonces habló del buen tiempo y del placer de caminar sobre la hierba. Algunas margaritas habÃan retoñado.
—¡Qué hermosas margaritas —dijo él— para proporcionar muchos oráculos a todas las enamoradas del paÃs!
Y añadió:
—¿Si yo cogiera algunas? ¿Qué piensa usted?
—¿Está usted enamorado? —dijo ella tosiendo un poco.
—¡Eh!, ¡eh!, ¿quién sabe? —contestó Rodolfo.