Madame Bovary
Madame Bovary Volvió a verla de noche, durante los fuegos artificiales; pero estaba con su marido, la señora Homais y el farmacéutico, el cual se preocupaba mucho por el peligro de los cohetes perdidos; y a cada momento dejaba a sus acompañantes para ir a hacer recomendaciones a Binet.
Las piezas pirotécnicas enviadas a la dirección del señor Tuvache habían sido encerradas en su bodega por exceso de precaución; por eso la pólvora húmeda apenas se inflamaba, y el número principal, que debía figurar un dragón mordiéndose la cola, falló completamente. De vez en cuando salía una pobre candela romana; entonces la muchedumbre con la boca abierta, lanzaba un clamor en el que se mezclaba el grito de las mujeres, a las que hacían cosquillas en la cintura aprovechando la oscuridad. Emma, silenciosa, se inclinaba suavemente sobre el hombro de Carlos; luego, levantando la cara, seguía en el cielo oscuro la estela luminosa de los cohetes. Rodolfo la contemplaba a la luz de los faroles encendidos.
Poco a poco se fueron apagando. Las estrellas se encendieron. Empezaron a caer unas gotas de lluvia. Ella ató la pañoleta sobre su cabeza descubierta.