Madame Bovary
Madame Bovary —La señora me hablaba —dijo él entonces— de su salud…
Carlos le interrumpió, tenÃa mil preocupaciones, en efecto; las opresiones que sufrÃa su mujer volvÃan a presentarse. Entonces Rodolfo preguntó si no le serÃa bueno montar a caballo.
—¡Desde luego!, ¡excelente, perfecto!… ¡Es una gran idea! DeberÃa ponerla en práctica.
Y como ella objetaba que no tenÃa caballo, el señor Rodolfo le ofreció uno; ella rehusó su ofrecimiento; él no insistió; después, para justificar su visita, contó que su carretero, el hombre de la sangrÃa, seguÃa teniendo mareos.
—Pasaré por allà dijo Bovary.
—No, no, se lo mandaré; vendremos aquÃ, será más cómodo para usted.
—¡Ah! Muy bien, se lo agradezco.
Y cuando se quedaron solos:
—¿Por qué no aceptas las propuestas del señor Boulanger, que son tan amables?
Ella puso mala cara, buscó mil excusas, y acabó diciendo que «aquello parecerÃa un poco raro».
—¡Ah!, ¡a mà me trae sin cuidado! —dijo Carlos, haciendo una pirueta—. ¡La salud ante todo! ¡Haces mal!
—¿Y cómo quieres que monte a caballo si no tengo traje de amazona?