Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después, cien pasos más adelante, se paró de nuevo; y a través de su velo, que desde su sombrero de hombre bajaba oblicuamente sobre sus caderas, se distinguía su cara en una transparencia azulada, como si nadara bajo olas de azul.

—¿Pero adónde vamos?

Él no contestó nada. Ella respiraba de una forma entrecortada. Rodolfo miraba alrededor de él y se mordía el bigote.

Llegaron a un sitio más despejado donde habían hecho cortas de árboles. Se sentaron sobre un tronco, y Rodolfo empezó a hablarle de su amor.

No la asustó nada al principio con cumplidos. Estuvo tranquilo, serio, melancólico.

Emma le escuchaba con la cabeza baja, mientras que con la punta de su pie removía unas virutas en el suelo.

Pero en esta frase:

—¿Acaso nuestros destinos no son ya comunes?

—¡Pues no! —respondió ella—. Usted lo sabe bien. Es imposible.

Emma se levantó para marchar. Él la cogió por la muñeca. Ella se paró. Después, habiéndole contemplado unos minutos con ojos enamorados y completamente húmedos, le dijo vivamente:

—¡Vaya!, no hablemos más de esto… ¿dónde están los caballos? ¡Volvámonos!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker