Madame Bovary
Madame Bovary El cura se maravillaba de todas estas disposiciones, aunque la religión de Emma, creía él, pudiese, a fuerza de fervor, acabar por rozar la herejía a incluso la extravagancia. Pero, no estando muy versado en estas materias, tan pronto como sobrepasaron cierta medida, escribió al señor Boulard, librero de Monseñor, para que le enviase algo muy selecto para una persona del sexo femenino, de mucho talento. El librero, con la misma indiferencia que si hubiera enviado quincalla a negros, le embaló un batiburrillo de todo lo que de libros piadosos circulaba en el mercado. Eran pequeños manuales con preguntas y respuestas, panfletos de un tono arrogante en el estilo del de Maistre[49], especie de novelas, encuadernadas en cartoné rosa, y de estilo dulzón, escritas por seminaristas trovadores o por pedantes arrepentidos. Había allí el Piense bien en esto; El hombre mundano a los pies de María, por el señor de…, condecorado por varias Ordenes; Errores de Voltaire, para uso de los jóvenes, etc.