Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Lucía se adelantaba, medio sostenida por sus compañeras, con una corona de azahar en el pelo, y más pálida que el raso blanco de su vestido. Emma pensaba en el día de su boda; y se volvía a ver allá, en medio de los trigos, en el pequeño sendero, cuando iba hacia la iglesia. ¿Por qué no había resistido y suplicado como ésta? Iba, por el contrario, contenta, sin darse cuenta del abismo en que se precipitaba… ¡Ah, sí!, en la frescura de su belleza, antes de las huellas del matrimonio y la desilusión del adulterio hubiera podido consagrar su vida a un gran corazón fuerte; entonces la virtud la ternura, las voluptuosidades y el deber se habrían confundido y jamás habría descendido de una tan alta felicidad. Pero aquella felicidad, sin duda, era una mentira imaginada por la desesperación de todo deseo. Ahora conocía la pequeñez de las pasiones que el arte exageraba. Esforzándose por desviar su pensamiento, Emma quería no ver en esta reproducción de sus dolores más que una fantasía plástica buena para distraer la vista, a incluso sonreía interiormente con una compasión desdeñosa cuando, en el fondo del teatro, bajo la puerta de terciopelo, apareció un hombre con una capa negra.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker