Madame Bovary
Madame Bovary Siguió caminando a lo largo del rÃo por el camino de sirga pavimentado de guijarros, y durante mucho tiempo, por el lado de Oyssel, más allá de las islas.
Pero de pronto echó a correr y atravesó sin parar Quatremares, Sotteville, la Grande Chaussée, la rue d'Elbeuf, a hizo su tercera parada ante el jardÃn des Plantes.
—¡Siga caminando! —exclamó la voz con más furia.
Y enseguida, reemprendiendo su carrera, pasó por San Severo, por el Quai des Curandiers, por el Quai Aux Meules, otra vez por el puente, por la Place du Champ de Mars y detrás de los jardines del hospital, donde unos ancianos con levita negra se paseaban al sol a lo largo de una terraza toda verde de hiedra. Volvió a subir el bulevar Cauchoise, después todo el Mont Riboudet hasta la cuesta de Deville.