Madame Bovary
Madame Bovary Pero en lugar de dos mil francos, no le trajo más que mil ochocientos, pues el amigo Vinçart, como es lógico, se habÃa quedado con doscientos por gastos de comisión y de descuento.
Después le reclamó un recibo con un gesto de indiferencia.
—Usted comprende…, en el comercio…, a veces…, y con la fecha, por favor, la fecha.
Ante Emma se abrió un horizonte de fantasÃas realizables. Tuvo la suficiente prudencia para guardar mil escudos, con los que pagó a su vencimiento las tres primeras letras; pero la cuarta, por casualidad, cayó en casa un jueves, y Carlos, trastornado, aguardó pacientemente a que regresara su mujer para pedirle explicaciones.
Si no le habÃa hablado de aquella letra era para evitarle preocupaciones domésticas; se sentó sobre sus rodillas, le acarició, le arrulló, hizo una larga enumeración de todas las cosas indispensables compradas a crédito.
—En fin, reconocerás que, para tanta cosa, no resulta demasiado caro.