Madame Bovary

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Cuando se daba cuenta de que la gente se retrasaba, se paraba a tomar aliento, enceraba, frotaba con colofonia su arco para que las cuerdas chirriasen mejor, y luego reemprendía su marcha bajando y subiendo alternativamente el mástil de su violín para marcarse bien el compás a sí mismo. El ruido del instrumento espantaba de lejos a los pajaritos. La mesa estaba puesta bajo el cobertizo de los carros. Había cuatro solomillos, seis pollos en pepitoria, ternera guisada, tres piernas de cordero y, en el centro, un hermoso lechón asado rodeado de cuatro morcillas con acederas.

En las esquinas estaban dispuestas botellas de aguardiente[13]. La sidra dulce embotellada rebosaba su espuma espesa alrededor de los tapones y todos los vasos estaban ya llenos de vino hasta el borde. Grandes fuentes de natillas amarillas, que se movían solas al menor choque de la mesa, presentaban, dibujadas sobre su superficie lisa, las iniciales de los nuevos esposos en arabescos de finos rasgos. Habían ido a buscar un pastelero a Yvetot para las tortadas y los guirlaches. Como debutaba en el país, se esmeró en hacer bien las cosas; y, a los postres, él mismo presentó en la mesa una pieza montada que causó sensación.



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