Tres Cuentos
Tres Cuentos En todas Las estaciones llevaba un pañuelo de indiana sujeto a la espalda con un alfiler, una toca que le ocultaba el cabello, medias grises, falda roja y sobre la camisola un delantal con pechero, como las enfermeras de los hospitales.
Su rostro era enjuto y su voz aguda. A los veinticinco años se le calculaba cuarenta. Desde la cincuentena ya no mostró edad alguna; y siempre silenciosa, con el cuerpo erguido y los gestos mesurados, parecía una mujer de madera que funcionaba de manera automática.
