Autobiografia - Contra Apion
Autobiografia - Contra Apion 2 8Que nuestros antepasados no eran de origen egipcio y que no fueron expulsados de allà a causa de enfermedades contagiosas u otras calamidades semejantes creo ha9berlo probado más arriba, no sólo suficientemente sino incluso más allá de lo razonable. Voy a mencionar brevemente 10lo que añade Apión. En el libro tercero de su Historia de Egipto dice lo siguiente: «Moisés, como he oÃdo decir a los egipcios más ancianos, era de Heliópolis; fiel cumplidor de las costumbres de su patria, levantó lugares de oración al aire libre en los recintos que al efecto tenÃa la ciudad y los orientó todos hacia el 11Este[127], pues asà está orientada también Heliópolis. En lugar de obeliscos[128], erigió columnas bajo las cuales habÃa una barca esculpida; la sombra proyectada sobre ella por una estatua, al estar al aire libre, describÃa un cÃrculo que correspondÃa al curso del sol en el cielo». Tal es la sorprendente afirma12ción del gramático. Esta falsedad no necesita comentarios, sino que los mismos hechos la evidencian. En efecto, ni el propio Moisés, cuando construyó el primer tabernáculo a Dios, colocó en él ninguna escultura de ese tipo ni recomendó a sus sucesores que lo hicieran. Y Salomón, que más tarde construyó el templo de Jerusalén, prescindió de cualquier tipo de obra superflua como la que ha imaginado Apión. Afirma haber oÃdo a los ancianos que Moisés era de 13Heliópolis: está claro que, siendo él más joven, se ha fiado de quienes por su edad debieron de haber conocido a Moisés y vivido en su época. Y él, a pesar de ser un gramático, no 14podrÃa decir con certeza cuál fue la patria del poeta Homero, ni la de Pitágoras, que vivió casi ayer o anteayer. En cambio, acerca de Moisés, que vivió tantos años antes que éstos. Apión se muestra tan confiado en los relatos de los ancianos que hace patente su falsedad. Respecto a la época en que, 15según él, Moisés guió a los leprosos, los ciegos y los cojos, el exacto gramático, a mi parecer, coincide completamente con los escritores anteriores a él. Pues bien, Manetón dice 16que los judÃos fueron expulsados de Egipto durante el reinado de Tetmosis, trescientos noventa y tres años antes de la huida de Dánao a Argos; según LisÃmaco, el hecho tuvo lugar en el reinado de Bocoris, es decir, hace mil setecientos años. Molón y algunos otros dan las fechas que les parece. Pero Apión, el más fidedigno de todos, fija con toda precisión 17el éxodo en la Séptima OlimpÃada, y fue en el primer año de la misma, dice, cuando los fenicios fundaron Cartago[129]. Ha añadido lo de Cartago, pensando que era el testimonio más evidente de su veracidad, sin darse cuenta de que con ello 18conseguÃa su propia refutación. Pues, si en lo referente a esta colonia debemos dar crédito a los documentos de los fenicios, en ellos está escrito que el rey Hiram precede en ciento 19cincuenta y cinco años a la fundación de Cartago[130]. Más arriba, a partir de los documentos fenicios, he presentado pruebas de que Hiram era amigo de Salomón, el que edificó el templo de Jerusalén, y de que contribuyó generosamente a su construcción[131]. Pero Salomón edificó el templo seiscientos doce años después de la salida de los judÃos de 20Egipto[132]. Después de haber dado a la ligera la misma cifra de los expulsados que LisÃmaco[133] —dice que eran ciento diez mil—, añade Apión el motivo extraordinario y verosÃmil 21que, en su opinión, explica el nombre del sábado. «Cuando llevaban seis dÃas de camino, dice, les salieron úlceras en las ingles y por ello decidieron descansar el séptimo dÃa al llegar sanos y salvos al paÃs llamado actualmente Judea. A ese dÃa le llamaron sábado conservando el término egipcio, pues los 22egipcios llaman a la úlcera en las ingles sabbo». ¿Cómo no reÃrse de esta tonterÃa, o por el contrario, indignarse ante la desvergüenza que permite escribir cosas semejantes? ¡Está claro que los ciento diez mil hombres sufrieron de úlceras en las ingles! Pero si eran ciegos, cojos o enfermos de todo tipo, 23como asegura Apión, no habrÃan podido caminar ni un solo dÃa. Ahora bien, si fueron capaces de atravesar un extenso desierto y de vencer combatiendo a todos los enemigos que se les enfrentaban, no es posible que todos a la vez se vieran aquejados de úlceras al cabo de seis dÃas. No es natural que 24tal enfermedad surja espontáneamente en las personas que por fuerza se ven obligadas a caminar; en los ejércitos muchos miles de hombres caminan durante muchos dÃas seguidos las etapas establecidas. Por otra parte, no se puede creer que esto les haya sobrevenido de repente; eso serÃa lo más absurdo de todo. El sorprendente Apión, después de afirmar que 25llegaron a Judea en seis dÃas[134], dice a continuación que Moisés subió al monte llamado SinaÃ, que está entre Egipto y Arabia, permaneció allà oculto cuarenta dÃas y, cuando descendió, entregó las leyes a los judÃos. Sin embargo, ¿cómo es posible que fueran los mismos hombres los que permanecieran cuarenta dÃas en un desierto sin agua y atravesaran todo el espacio en seis dÃas? El cambio gramatical que hace en el 26nombre del sábado denota o mucha desvergüenza o una tremenda ignorancia; pues sabbo y sábado son muy diferentes. Sábado en la lengua de los judÃos significa el cese de todo 27trabajo, mientras que sabbo significa entre los egipcios, tal como él dice, úlcera en la ingle.