La guerra de los judios Libros IV-VII
La guerra de los judios Libros IV-VII Por consiguiente, era lógico que Ves616pasiano quisiera hacerse cargo de la situación de Egipto para así asegurar el poder de todo el Imperio. Escribió inmediatamente una carta a Tiberio Alejandro[306], gobernador de Egipto y de Alejandría, en la que le comunicaba la voluntad del ejército y le decía que al asumir, por la necesidad del momento, el peso del Imperio le había nombrado a él colaborador y ayudante suyo. Cuando Alejandro 617leyó en público la carta, hizo jurar a las legiones y al pueblo fidelidad hacia Vespasiano. Todos obedecieron voluntariamente, ya que conocían el valor de este hombre por las campañas que había dirigido en las regiones vecinas. Tibe618rio Alejandro, tras habérsele confiado ya la autoridad imperial, preparó la llegada de Vespasiano. Más veloz que el pensamiento, se extendió la noticia de que había sido proclamado un emperador en Oriente y toda la ciudad festejó la buena nueva e hizo sacrificios en su honor. Las legiones de 619Mesia y Panonia[307], que poco antes se habían alzado contra la audacia de Vitelio, juraron con grandísima alegría fidelidad a Vespasiano. Este último salió de Cesarea y se pre620sentó en Berito[308], donde acudieron a él muchas legaciones de Siria y también de otras provincias[309], que le trajeron de cada una de sus ciudades coronas y los acuerdos de felicita621ción que se habían tomado en ellas. Se personó también Muciano, el gobernador de la provincia, para manifestarle el apoyo de la población y los juramentos que se habían hecho en cada localidad.