La guerra de los judios Libros IV-VII

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Con muchas palabras de esta índole les convenció y se 639pasó con su ejército a Antonio. Esa misma noche se apoderó 640de los soldados un arrepentimiento y un miedo de que Vitelio, que era quien los había enviado allí, resultara vencedor en la batalla. Entonces sacaron sus espadas y se arrojaron contra Cecinna para matarlo, y habrían ejecutado esta acción, si los tribunos no se hubieran postrado ante ellos y les hubieran suplicado que no lo hicieran. Renunciaron a asesi641narlo, pero encadenaron al traidor y estaban dispuestos a enviárselo a Vitelio. Cuando Primo tuvo noticia de estos hechos, al instante puso en pie a sus hombres y los condujo armados contra los sublevados. Estos últimos resistieron 642muy poco tiempo en formación de combate y enseguida se dieron la vuelta y se refugiaron en Cremona. Primo con la caballería les cortó los accesos, rodeó a un gran número de ellos delante de la ciudad y los mató; se precipitó al interior con los que quedaban y dejó a sus soldados que saquearan 643el lugar. Allí perdieron su vida muchos comerciantes extranjeros[320], una gran cantidad de sus habitantes y todo el ejército de Vitelio, treinta mil doscientos hombres. Antonio perdió cuatro mil quinientos de sus legionarios de Mesia. 644Liberó a Cecinna y lo envió a Vespasiano para que comunicara lo sucedido. Cuando llegó, fue recibido por el emperador que cubrió el oprobio de su traición con inesperados honores.


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