La guerra de los judios Libros IV-VII
La guerra de los judios Libros IV-VII 645En Roma Sabino volvió a llenarse de valor, cuando tuvo noticia de que Antonio estaba cerca. Reunió a las cohortes que hacían la vigilancia nocturna[321] y se 646apoderó del Capitolio. Al amanecer[322] se le unieron muchos ciudadanos ilustres y Domiciano, el hijo de su hermano, que constituía la parte más importante 647de sus esperanzas de obtener el triunfo. Primo[323] apenas era para Vitelio una preocupación, aunque este último estaba furioso contra los que se habían sublevado con Sabino. Sediento de sangre noble, a causa de su natural crueldad, envió contra el Capitolio el destacamento del ejército que había 648venido con él. Estos soldados y los que combatían desde lo alto del templo hicieron demostración de numerosas hazañas valerosas. Al final, las tropas de Germania, que eran supe649riores en número, se adueñaron de la colina. Domiciano junto con muchos notables romanos se salvó milagrosamente[324], mientras que toda la demás gente fue degollada. Sabino, llevado ante Vitelio, fue ejecutado y sus soldados saquearon las ofrendas e incendiaron el templo. Al día si650guíente Antonio llegó con su ejército. Los hombres de Vitelio salieron a su encuentro y entablaron combate en tres barrios de la ciudad[325]. Todos perecieron. Vitelio salió del 651palacio borracho y con el estómago lleno, después de haber comido en un desenfrenado banquete más abundante que otras veces, como si se tratara de sus últimos momentos de vida. Arrastrado por la multitud fue ultrajado de todas las 652formas posibles y fue degollado en pleno centro de Roma, después de haber reinado durante ocho meses y cinco días[326]. Creo que si hubiera vivido más tiempo, el Imperio no le habría bastado para su libertinaje. El número de los demás 653muertos superó los cincuenta mil. Estos hechos acaecieron 654el tercer día del mes de Apeleo[327]. Al día siguiente se presentó Muciano con sus tropas y puso fin a la matanza que hacían los hombres de Antonio, pues éstos todavía registraban las casas y asesinaban a muchos de los soldados de Vitelio y a numerosa gente del pueblo, como si fueran partidarios de aquél, pues su cólera les llevaba a no perder el tiempo en distinguir con exactitud entre unos y otros. Muciano llevó a Domiciano ante la multitud y le presentó como su je655fe hasta que llegara su padre[328]. El pueblo, liberado ya del miedo, aclamó a Vespasiano como emperador y celebró una fiesta en la que se festejaba tanto su llegada al trono como la destitución de Vitelio.