La guerra de los judios Libros IV-VII

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Tito se acerca a Jerusalén con el ejército romano

Con estas máquinas, hechas a base de 39impiedad, Juan esperaba vencer a sus enemigos. Sin embargo Dios hizo que su esfuerzo fuera inútil[22], al traer a los romanos, antes de que hubiera mandado a alguno de sus hombres a las torres. En efecto, Tito, después 40de reunir con él una parte de su ejército y de ordenar al resto concentrarse en Jerusalén, salió de Cesarea. Llevaba tres 41legiones[23], que antes habían asolado con su padre Judea, y también la duodécima legión de Cestio[24], que antaño había sido derrotada. Esta última, que por su valor se había hecho famosa en otros lugares[25], marchaba ahora a vengarse con más ardor al recordar lo que había padecido anteriormente. Así pues, mandó a la quinta de estas legiones reunirse con él 42a través de Emaús y a la décima que subiera por Jericó. Mientras, él partió con el resto de las tropas, al que se le añadió un destacado número de aliados de los reyes[26] e importantes tropas auxiliares de Siria. También se completa43ron con los soldados que llegaron con Tito las cuatro legiones, de las que Vespasiano había sacado los efectivos que había enviado con Muciano a Italia[27]. Le acompañaban 44dos mil soldados escogidos del ejército de Alejandría y tres mil de las guarniciones del Éufrates[28]. Tiberio Alejam45dro[29] era el más apreciado de sus amigos por su fidelidad y por su ingenio. Antes había sido gobernador de Egipto bajo 46las órdenes de Vespasiano y Tito, pero ahora fue considerado digno de mandar sus tropas, ya que fue el primero que aceptó el poder imperial recién surgido y se unió con una brillante lealtad a una suerte incierta. Acompañaba a Tito como consejero de los asuntos de la guerra, ya que le superaba en edad y en experiencia.


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