El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes —Hace un rato —respondió—, en la plaza, quisieron sacarme su plano. Al enterarse de que querÃa regresar para limpiar el aula, se dieron cuenta de que iba a hacer las paces con ustedes y se me han sublevado. Pero, a pesar de todo, pude salvarlo —agregó orgullosamente, ofreciéndole a Meaulnes el importante papel doblado.
Meaulnes se volvió hacia mÃ:
¿OÃste? —dijo—. Acaba de pelearse y hacerse lastimar por causa nuestra, mientras nosotros hacÃamos planes contra él.
Después, dejando de emplear aquel «usted» poco habitual entre estudiantes, le dijo:
—Eres un compañero de verdad.
Y le alargó la mano.
El titiritero se la tomó y permaneció mudo por espacio de un segundo, conmovidÃsimo, con la voz cortada. Pero no tardó en continuar, con gran curiosidad:
—¿De manera que me tendÃan un lazo? ¡Esto sà que me gusta! Ya lo imaginaba y pensaba para mÃ: cómo van a asombrarse cuando al recuperar el plano vean que lo he completado.
—¿Completado?
—¡Oh, esperen! No del todo.
Dejando el tono alegre, agrega, con voz lenta y firme, acercándose a nosotros: