El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Finalizado el intervalo, el titiritero se marchó y para regresar hasta la entrada del furgón debió pasar entre un grupo que había ocupado la pista, en medio del que vimos aparecer de pronto a Jazmín Delouche. Las mujeres y las chicas se apartaron. Aquel traje negro, aquella expresión lastimosa, extraña y amable, las había seducido. En cuanto a Jazmín, que aparentaba haber llegado recién de un viaje y que charlaba amistosamente con la señora Pignot, resultaba evidente que se habría dejado conquistar más fácilmente por una corbata de cordón, un cuello bajo y unos pantalones acampanados. Permanecía con los pulgares dentro de las solapas, en una actitud muy necia y cohibida a la vez. Cuando pasó Junto a él el titiritero, y en un rapto de menosprecio, Jazmín le dijo a la señora Pignot, en voz alta, algo que no pude escuchar, pero que seguramente sería un insulto, una frase provocadora referente a nuestro amigo. Sin duda era una seña e inesperada amenaza, porque el titiritero se dio vuelta y lo miró, y Jazmín, para disimular, reía burlonamente y daba codazos a los que lo acompañaban, como incitándolos a que lo imitaran. Creo haber sido el único de mi banco que se dio cuenta de lo ocurrido.