El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes El más pequeño de los Roy pasó por la calle embarrada haciendo dar vueltas en la punta de un hilo, que luego largaba al aire, tres castañas atadas que cayeron al patio. Tan ocioso estaba yo que me entretuve en devolverle las castañas, dos o tres veces, por encima de la pared.
De pronto vi que dejaba aquel juego infantil para correr hacia un carrito que avanzaba por el camino de la pasarela vieja. En un instante subió a la zaga del carro, sin que éste se detuviera. Era el carrito de Delouche con su caballo. JazmÃn iba conduciéndolo; el gordo Boujardon, de pie. Regresaba del prado.
—¡Ven con nosotros, François! —me gritó JazmÃn, enterado ya sin duda de la partida de Meaulnes.
Sin decir nada a nadie, me trepé al bamboleante coche y me quedé de pie, como los demás, apoyado en uno de los montantes. Fuimos a casa de la viuda de Delouche.