El Gran Meaulnes

El Gran Meaulnes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Subí la escalera con rapidez; abrí la puerta de la derecha, donde aun colgaba el rotulo de «Alcaldía», y me encontré en un salón con cuatro ventanas, de las cuales dos daban al pueblo y otras dos al campo, y con las paredes adornadas por amarillentos retratos de Grévy y Carnot. Sobre una larga plataforma, que ocupaba todo el fondo de la sala, se conservaban aún las sillas de los concejales. En el medio, sentado en el antiguo sillón del alcalde, Meaulnes escribía, mojando la pluma en un anticuado tintero de loza en forma de corazón. En aquel sitio, que parecía hecho para un rentista pueblerino, se refugiaba Meaulnes cuando no andaba de correrías por la comarca, durante las largas vacaciones…

Al reconocerme, se puso de pie, aunque no con la precipitación que yo esperaba.

—¡Seurel! —se limitó a exclamar, en tono extrañado.

Era el mismo de siempre: rostro huesudo, cabeza rapada; un bigote descuidado comenzaba a cubrirle el labio. La misma mirada franca… Sin embargo, parecía velar su ardor de años anteriores una especie de bruma, que antes su ímpetu disipaba a veces.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker