El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Tartamudeé, no sé qué le contesté. Tal vez le ha dicho:
—SÃ.
Aquà quedaba interrumpido esa especie de diario, y comenzaban unos borradores de cartas, ilegibles, informes, llenos de tachaduras. ¡Vacilante noviazgo! A ruegos de Meaulnes, la muchacha abandonó su oficio. Él se habÃa estado ocupando en los preparativos de la boda, pero dominado sin cesar por el deseo de seguir buscando, de volver a partir tras los pasos de su amor perdido, desapareció sin duda varias veces; y en aquellas cartas, con trágica inquietud, procuraba justificarse ante Valentine.